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Hace casi 7 años cuando Feiki llegó a nuestra vida, comenzó nuestra búsqueda activa de profesionales, conociendo así el adiestramiento canino tradicional.
Como ya os explicábamos en anteriores post, necesitábamos ayuda para trabajar sus problemas de conducta, pero nada fue cómo habíamos imaginado.
En último artículo diferenciábamos desde nuestro punto de vista entre adiestrador canino, educador canino y etólogo.
Pues si bien, un adiestrador es aquel profesional dedicado a la enseñanza de comportamientos en el perro, debemos matizar lo que para nosotros es un adiestrador canino tradicional.
El adiestramiento en perros no es algo nuevo, alcanzando su auge tras la segunda guerra mundial y siendo especialmente utilizado por militares cuyas técnicas se basaban en el conocido “refuerzo negativo” o el uso de castigos físicos para conseguir que el perro ejecutase la conducta que se le ordenaba. Cuando este realizaba una mala conducta se aplicaban golpes, gritos o material aversivo como el collar de ahogo (sogas) que han ido evolucionando hasta tener hoy en día los conocidos collares de púas o eléctricos.
Estas técnicas aversivas de adiestramiento, de hace prácticamente mas de 100 años, es el conocido adiestramiento canino tradicional que por desgracia sigue aplicándose en pleno siglo XXI.
Duele admitirlo, pero si, esas técnicas aversivas que arriba habéis leído se aplicaron con Feiki, nuestro perro recién adoptado con miedo a todo.
El primer adiestrador con el que contactamos no aplicaba esta metodología, nos propuso trabajo con clicker. El clicker es un aparatito que al pulsarlo con el dedo suena click y sustituye al marcador verbal “muy bien” indicándole al perro que la conducta que ha realizado es correcta.
Es muy potente para trabajar obediencia u otras disciplinas, pero no era nuestro caso. Aunque es cierto que el clicker se ha utilizado en modificación de conducta, a nosotros no nos dio grandes resultados.
Los siguientes adiestradores que llegaron a nuestra vida fueron tradicionales y nos propusieron un trabajo con el perro basado en tirones de correa, uso de collar de ahogo y púas, golpes en cabeza y cuello, etcétera.
¿Os podéis imaginar lo que sentía nuestro perro? ¿Las únicas personas en las que podía confiar haciéndole daño?
Sí, destrozamos al perro y nuestra relación con él. Sus miedos no mejoraron y nuestro vínculo tardó mucho tiempo en recuperarse.
Hoy en día nos lo siguen vendiendo como algo mágico, que funciona siempre y además con rapidez.
Cierto, el adiestramiento tradicional tiene resultados rápidos, basta con darle una patada al perro para que te haga caso ¡y listo!, el perro deja de ladrar.
Se trata de un método basado en la imposición sobre el perro, que cree al hombre superior que el animal (todo el rollo ese de El Alpha de la Manada) y por tanto, donde el pobre animal no le quedará mas remedio que hacer caso por miedo a lo que pueda ocurrir.
Cualquier tipo de técnica que esté basada en el daño físico, la imposición y miedo, no puede contemplarse como una manera respetuosa de trabajo con un animal. NUNCA.
Desde Utopía os aconsejamos a la hora de adiestrar, educar o trabajar algún problema de comportamiento con vuestro perro, tengáis en cuenta lo siguiente: