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Vivir con un perro con miedo no es fácil, sentir que quieres parar el mundo por él y no poder, te llena de impotencia.
Había que cambiar la perspectiva. Dejar de intentar cambiar la vida y cambiar algo en nosotros.
Normalmente cuando una persona observa un perro con miedo, su primera frase suele ser “pobrecito, ¿le han pegado?”.
Es cierto que existen multitud de casos en los que experiencias traumáticas derivan en perros miedosos que no confían en el ser humano. Pero este no era nuestro caso.
Lo que se conoce de Feiki, encontrado solo con un mes de vida, es que vivió desde su rescate hasta los 5 meses que fue adoptado, en un chenil con 10 perros más sin contacto humano. De aquí podemos anotar:
Menudo completito, ¿eh?
No hubo experiencias traumáticas a lo que humanos y entornos urbanos se refiere. Mas bien nula habituación a dichos espacios y al ritmo de la vida actual. Así como falta de vivencias positivas y agradables, con las que ir confiando en las personas.
Como os explicábamos en anteriores posts, tras las incorrectas elecciones de profesionales caninos que aplicaron técnicas de adiestramiento tradicional, encontramos un nuevo camino: la educación canina en positivo o respetuosa.
Pensemos por un momento, tenemos un perro con miedo, sea cual sea (personas, perros, ruidos…) y comenzamos a aplicar técnicas impositivas o coercitivas. Tú, el que debes ser su apoyo, su referente de seguridad, te conviertes para el perro en otro elemento al que temer.
Se hace muy duro pensar en lo solo que se puede sentir un perro sin nadie que entienda y apoye lo que está viviendo y sintiendo.
Ayudar a un perro con miedo primero pasa por un cambio de mentalidad en el humano. Dejar de creer en lo que se hacía antiguamente y comenzar a buscar alternativas respetuosas que pasen por la comprensión del perro como un individuo con emociones.
Olvídate de ser el que manda o el alpha de la manada, tu perro es un compañero de vida, no tu esclavo.
Lo primero fue empezar a comprender como Feiki mostraba sus señales de miedo, mas allá del rabo entre las piernas. Conocer el lenguaje de tu perro es fundamental para saber qué puede estar sintiendo en cada momento.
Tener conocimiento sobre comunicación canina es imprescindible para trabajar perros con problemas de comportamiento. Es la base que nos permitirá ver cambios y verificar que el trabajo está evolucionando en la línea acertada.
Interpretar correctamente las señales caninas, identificar los estímulos conflictivos para tu perro y aportarle herramientas para su día a día, le ayudará a gestionar sus emociones en diferentes tipos de situaciones.
Os detallamos el trabajo en el siguiente post 🙂